LA GUARDERIA PARROQUIAL

LA PRIMERA GUARDERÍA

En los albores de la década de los 70 del siglo pasado, L’Eliana va conformando su identidad y reafirmándose como pueblo en continuo crecimiento. De ello da fe el aumento considerable de habitantes que, año tras año, viene reflejando el padrón municipal. (1.960: 1.502 habitantes – 1970: 2.356 habitantes) La población infantil de L’Eliana siempre ha sido destacada en relación a otros pueblos de la comarca, a lo cual ayuda considerablemente el gran número de forasteros que, en su mayoría parejas jóvenes, deciden quedarse a vivir en nuestro pueblo.

Al mismo tiempo, L’Eliana va dejando atrás su pasado agrícola para sumergirse, con todas las consecuencias, en la vorágine que supone la integración industrial. Y la mujer, por fin, participa de lleno en ella.

Es así, que alguien se da cuenta de que en L’Eliana hace falta ya una guardería infantil. La idea se madura y la pone en práctica el cura párroco D. Ricardo Arnau Zamorano impulsando el proyecto gran cantidad de madres ilusionadas con la idea.

EL LOCAL

La primera guardería de L’Eliana se instala en la misma Casa Parroquial, C/ Cristo del Consuelo y consta de una sala/aula y un pequeño y estrecho patio que sirve de recreo. En este patio, junto a los lavabos, había un grifo y poco más. (Grifo que, la Seño y algunas madres, hubiesen visto con agrado su desaparición para no tener que cambiar con tanta asiduidad las ropitas empapadas de los niños)

El pequeño patio en forma de tubo pronto se queda pequeño para las carrerillas infantiles, máxime cuando el número de chiquillos aumenta considerablemente. El problema se soluciona abriendo el corral colindante a la fogosidad de los pequeños. Este corral es propiedad del tío Voro Marco, el de la Tenda, siendo el Ayuntamiento quien se hace cargo de las cuotas de alquiler. El nuevo patio está un poco más alto que el parroquial (cuatro escalones) y así, cuando las lluvias son intensas, la inundación del patio tubo es inevitable. Pero cuando las aguas desaparecen por los sumideros, los niños lo vuelven a inundar al momento con su alboroto.

La nueva zona de juego se recubre con gravilla* y se instala una pérgola de hierro y ramaje hecha en los talleres de forja Celae y también unos balancines. Para solaz de la chiquillería, el espacio que abarca la pérgola, se rellena de arena y con palas y pozalitos los niños se acercan, con su imaginación al mar al tiempo que acercan la gravilla a la arena. A los pocos días ya no se distingue dónde empieza la playa de arena y dónde la de gravilla.

La guardería está ubicada en una casa de típica construcción huertana, siendo el ancho pasillo que dejaba entrar a los carros y caballerizas hasta el corral, lo que se habilita como sala principal junto con algunas habitaciones contiguas despojadas de tabiques.

La sala se adorna con dibujos y estampas infantiles reconvirtiéndose al fin, en una espaciosa aula llena de colorines con sus mesitas y sillitas salidas de un cuento de los Hermanos Grimm.

* Las pequeñas piedras de la gravilla causaban algún que otro susto pues los chavales intentaban introducirlas por cualquier agujero que encontraban: orejas, nariz u otros… Es así que, las mismas madres, al final, deciden suprimirla. Y aún recuerda Carmen Comes, la de la Torre, como ellas mismas iban cargando los pesados capazos de grava hasta el carro del Tío Salvaoret Torrent, que con su haca aguardaba afuera. Después, el espacio vaciado se rellenó de arenilla del río. Y aún recuerda la Seño las inacabables sacudidas de zapatillas para eliminar los granos de arena que los niños trasladaban al aula después de sus correrías por el patio…

LA SEÑO

De controlar, atender y jugar con toda la incansable población de la guardería se encargaba Isabel Moreno Nevado, hija mayor de Curro: la Seño.

Isabel trabajaba en la fábrica de sujetadores Little Kiss, como la mayoría de las jóvenes de aquella época; pero Isabel comenzaba a tener graves problemas de visón (hoy solucionados completamente) que le dificultaban el trabajo con las agujas y los pespuntes. Es Mª Dolores Comes, la del Forn, -impulsora también del proyecto guarderil- amiga y sabedora del problema de Isabel y del cariño y pasión que siente por los niños en general, quien la propone para hacerse cargo de la primera guardería del pueblo.

Isabel acepta ilusionada y se desvive por el proyecto consiguiendo reconvertir aquellos locales de la Casa Parroquial en un segundo hogar para los niños que acuden todos los días con la alegría de encontrar a sus «compas», el grifo cómplice, la playa y los juegos que propone la Seño. Porque Isabel, allí ya no es Isabel. Es la Seño. La segunda madre que les limpia el culo y seca sus ropas y lágrimas de tropezones. Con la Seño juegan al corro y aprenden canciones y cuentos. Con la Seño salen al campo y llenan de risas y gritos las calles. Con la Seño viven aventuras a través del marco del guiñol y con la Seño aprenden que la I lleva sombrero y que la A es una escalera…

Isabel comienza a trabajar en la guardería cuando contaba con 19 primaveras. En ella permanece durante 14 años y la deja, muy a su pesar, cuando nace su primera hija.

La sustituye entonces Angelita la de Jordi que ya colaboraba, de vez en cuando, con la Seño.

Y con Angelita colabora Alicia, venida de Madrid por asuntos familiares. Después ocupa el puesto Antonia Palanca, sobrina de D. Ricardo. Pero son las jóvenes elianenses Trini Rubio, la del Tío Rubio y Pilar Espinosa, la del Blanco, pedagoga una y titulada en Magisterio otra, quienes ejercen de Seño cuando la Guardería cierra sus puertas definitivamente, en las postrimerías del siglo XX. Estas últimas nos cuentan que, alguna de ellas, también había jugado con el grifo siendo niñas…

COLABORACIONES

La guardería toma forma y consistencia casi desde el primer momento de su inauguración. A ello contribuyen todas y cada una de las madres que colaboran desinteresadamente, aportando ideas, trabajo e ilusión por el proyecto, como la Tía Nieves -por nombrar sólo a una de ellas- que es puntal importante en la historia de la guardería como se verá más adelante.

Colaboración imprescindible es la de Pilaretes, la Sacristana, que, callada y tímida, aporta gran ayuda a las distintas Seños.

Y la de Angelita, que siempre acudía solícita cuando Isabel la necesitaba. Sería, luego, la segunda Seño.

Y también acudía por el local D. Lamberto Viñé, médico titular de L’Eliana de entonces. Solía entrar porque le gustaba oír las risas de los niños y, de paso, les contaba algún cuento. Era la primera guardería y todos pusieron su granito de arena para mantenerla viva.

ACTIVIDADES Y JUEGOS

Los días transcurrían felices para toda aquella población infantil que llenaba la casa guardería. Los niños no saben de Invierno ni Primavera, pero asociaban que con el primero venía el Belén y con la segunda las fallas. Porque así estaba conformado el calendario guarderil: regido por fiestas, cuentos, juegos, teatro y excursiones.

Las fiestas no tenían fecha fija. Venían marcadas por el recuerdo del día de nacimiento de cada niño. En las fiestas de cumpleaños la sala de llenaba de globos y guirnaldas y la tarta, al final, daba más faena a la Seño y a las madres que el grifo del patio.

Entre fiesta y fiesta se aprendían de memoria los cuentos tradicionales.

-Seño, Seño, el de les cabretes, el de les cabretes! -Pero si ya lo contamos la semana pasada… .El de les Cabretes, Seño, el de les Cabretes!

Y la Seño comenzaba por enésima vez, como si no lo hubiese contado jamás, el cuento de siempre. Y los niños, apretujados y a una voz, contestaban al Lobo Feroz que no estaban en casa… Otras veces llegaba el turno a la Ratita Presumida y cada uno desfilaba haciendo de animalito ante la guapa ratita para dar más credibilidad al cuento: Guau! Guau! Ratita, Ratita, que guapita estás…

Pero con lo que más disfrutaban los peques era con el guiñol. La Seño montaba el pequeño teatrillo y con ese acto comenzaba la magia. Magia, que transformaba el movimiento de los toscos muñecos en personajes reales y las historias fantásticas en propias, espantando al ogro con potentes gritos para que no raptase a la Princesa.

Y con la Primavera llegaban también las salidas campestres. En fila y cogidos de la mano formaban una gran hilera a modo de procesionaria que se trasladaba calmosamente, pero con gran algarabía, por las calles de la población hasta llegar a la chopera que se encontraba camino de las escuelas, en la Av. de la Diputación. Allí correteaban a sus anchas, como rebaño de cabritillos libres de los muros del corral. Otro día la procesionaria se dirigía hacia los columpios instalados en el recinto de la Piscina Municipal y otros, hacia la antigua salvaje pinada de Plaja , la que hoy es el Parque Municipal. En este bosque descubrían nuevos amigos y experimentaban nuevas sensaciones. Como la de los gusanos que salían a pasear de la misma forma que ellos, cogidos de la mano y en fila. Los niños quedaban perplejos ante la lenta procesión y jugaban con los gusanos confundiéndolos con los de seda que guardaban en casa. Es indescriptible los apuros de la Seño y las carreras hasta la casa del médico amigo, D. Lamberto, que tenía la consulta en el barrio cercano de Les Casetes. Untados de ungüento y con los labios hinchados, volvían a la seguridad de su patio haciendo pucheros los afectados.
Pero, aparte de este percance, nunca hubo que lamentar ningún contratiempo más.

EL BELÉN

Cada año, casi nada más iniciado el nuevo curso, comenzaba la parafernalia que conllevaba el montaje del Belén viviente. Había que elegir a los que harían de pastores y a los que representarían a los Reyes Magos, que siempre eran los más mayores, los que al año siguiente ya pasarían a la Escuela. Había que elegir al Niño Jesús, a la Virgen María y a San José. Una vez conformado el elenco de actores, se pasaba a confeccionar la indumentaria para cada personaje, siendo las madres las que, en este apartado, aportaban el mayor trabajo.

Los ensayos se repetían con asiduidad en cuanto más cercana estaba la Navidad. Esta vez le tocó a Cristina, la hija de Lluïso, hacer de Niño Jesús y a Nacho Marco, el del Supermercado, representar a S. José con unas enormes barbas. Elena, la Catalana, sería la Virgen María y Ramón Parrita, Abel y Sergio Cortina harían de Reyes Magos… Todos contribuían para que la función fuese exitosa y así, la Tía Nieves, la abuela de Manolín, que hacía de pastorcillo, llevó un pequeño borrego de carne y hueso para la ocasión.

Al mismo tiempo, El Belén estático iba tomando forma anárquica con borreguillos y gallinas de barro más grandes que los reyes Magos y con Niño Jesús más grande que sus padres. Era el resultado de las colaboraciones espontáneas que lograban hacer crecer año tras año un nuevo pueblo de Belén cada vez más grande y grotesco: cada familia aportaba las figurillas fabricadas por artesanos distintos.

Pero los niños montaban con ilusión el belén y creían que las rústicas figuras tenían vida y frío. Por eso, cada día, al final de la tarde, las metían todas a bulto en el portal para que durmiesen en caliente. Y a la mañana siguiente, lo primero que hacían al entrar al aula, era colocarlas de nuevo en su puesto.

Y con este trajín de montar y desmontar y al compás de villancicos navideños, se acercaba el día de la representación del Belén viviente que las madres vivían con más nervios que los mismos actores. Pero al final todo salía como tenían previsto, aunque para ello se tuviesen que emplear algunas artimañas, como la de llenar la cuna del Niño Jesús de caramelos y golosinas para que Cristina no se saliese de ella. O las indicaciones entre bastidores que daba la madre al inquieto Nacho que no cesaba de moverse por la incomodidad de las barbas postizas:

-Si te pica te rasques, pero esta-te ja quetet, xe!

El que menos se movió durante la función fue el borreguito.

LA FALLA

No sabríamos decir si fue la Primavera o la Tía Nieves quien trajo la primera falla* a L’Eliana.

Pero nos inclinamos más por la segunda que, siempre inquieta e ingeniosa, propone a la Seño y la chiquillería la construcción de una falla.

El lugar elegido es junto a lo que podríamos llamar la primera rotonda de L’Eliana: la fuentecilla con una imagen de la Virgen del Carmen* * que se encontraba en plena intersección de las calles Francisco Alcayde y Mayor. Allí, pues, se levanta la primera falla con grotescos ninots-espantajos rellenos de paja. A las niñas se les improvisan topos y trajes a modo de huertana fallera sin olvidar, por supuesto, la peineta. Y a los niños se les cuelga una manta al hombro y se les anuda un pañuelo a la cabeza. La comisión así formada y flanqueada por sendas hileras de madres solícitas, desfila tras la Tía Nieves que, armada con un bombo, marca el paso hasta la Fonteta de la Virgen donde los niños depositan los ramilletes de flores como ofrenda.

Y a primeras horas de la noche de S. José, la hoguera que consume la falla infantil, ilumina traidora los ojos de asombro que contemplan el hechizo del fuego y la magia de las pavesas que desaparecen en lo alto de la noche… ¿Dónde irán? ¿Volverán el año que viene?

….Y volvieron durante dos años más. Hasta que la primera falla formal hecha por los adultos, toma forma y quema definitivamente la de la Fonteta del Carmen.

*Nos referimos a la segunda etapa fallera de L’Eliana que se inicia a finales de la década de los 70 del siglo XX. La primera se remonta a los años 50 del mismo siglo.

** La Imagen de la Virgen del Carmen que adornaba la fuentecilla se puede apreciar hoy en la hornacina que se encuentra sobre el nº 17 de la calle Francisco Alcayde confluencia con C/ Mayor. En la misma intersección dónde se encontraba la fuente/rotonda y que es parón obligado para las procesiones patronales mientras se dispara un castillo de fuegos artificiales en su honor

APRENDER JUGANDO

En la Guardería no sólo se hacían fiestas, belenes, fallas o excursiones. Aparte de los juegos del patio o de los cuentos y canciones había otras actividades que enseñaban a los niños rudimentarios conocimientos del Saber, como que el mar y el cielo tienen el mismo color azul o que la M con la A es MA. Pero por lo que más se preocupaba la Seño era en inculcarles el respeto y amor por la Naturaleza en general. Por eso jugaban con el perrito que trajo Eva y llenaban de pipas la jaulita del hamster para que comiese. O ponían agua al canario y al periquito. El agua sobrante la desparramaban por los geranios o -mejor dicho- por fuera de las macetas. También tenía su ración de mimo el abeto que rescataron de la basura después de unas Navidades. Lo plantaron en medio del corral de arena, lo regaron y lo vieron reverdecer y crecer al son del corro de la patata y del cocherito leré… Era una manera de aprender jugando que luego, de adultos, no hemos sabido continuar.

ANÉCDOTAS

Son tantas y tantas las historias jocosas que nos cuentan de aquella primera época de la Guardería que solo transcribiremos algunas que nos quedan en la memoria o las que logramos recoger al vuelo en nuestro bloc de notas. Sirva este recuerdo para que, los ahora hombres y mujeres, rebusquen y rehagan las suyas propias con regocijo.

Cuentan que Manolín, el de la Tía Nieves, era de los más traviesos del grupo y siempre andaba a empujones con todos los compañeros. Cuando la Seño se hartaba de tanto lloriqueo de los empujados, cogía a Manolín y lo metía dentro de la papelera como castigo. Manolín, aunque pequeño, podía salir por sí mismo de la papelera cuando le apeteciese, pero respetaba los límites del cesto y de allí no se movía. Eso sí, con los brazos extendidos en forma de aspa, sopapeaba a cualquier compañero que se pusiese a su alcance. Cuando ya se aburría de su poca movilidad suplicaba:

-Seño, puc eixir ja? -Val. Però esta-te quetet, eh!

Al minuto de salir Manolín de su papelera-castigo corría alguien a refugiarse en el regazo de la Seño.

-Seño, Seño, Manolín m’ha pegat!

Abel era un chiquillo dócil y amigable pero por un defecto en los pies tuvo que llevar un calzado especial. Aquellos zapatones ortopédicos eran enormes, exagerados para las comparaciones infantiles y los pisotones y patadas a los demás se sucedían involuntariamente.

-Qué passa? T’ha pegat Manolín? -No -balbuceaba lloroso alguien- Abel m’ha xafat!

La monotonía no acababa de llegar nunca a la guardería. Ni aún en las tardes lluviosas de invierno; porque cuando no se podía salir al patio se contaban y escenificaban cuentos como el de la Ratita Presumida. Cuento que gustaba especialmente a los niños porque cada uno podía interpretar un animalito ante la guapa ratita. Esa tarde, la niña que solía hacer de ratita, no estaba y fue la Seño quien la sustituyó.

Los animalitos iban pasando por casa de la ratita repitiendo el soniquete:

-Ratita, Ratita, que guapita estás. ¿Te quieres casar conmigo?

Y la Ratita respondía a todos y a cada uno de los animalitos con su conocida cursilería hasta que llegó el turno a Ernesto Navarro, que hacía de burro y que repitió el saludo amigable que solía hacer su padre a la Seño cuando la encontraba por la calle:

-Ratita, Ratita, que rebona estàs!

Esta vez, la Seño no pudo contestar ahogada por la risa.

Por lo general, los niños acudían todos los días alegres y ansiosos a reencontrarse con sus compas de guardería, con sus animalitos, su grifo, sus playas y sus juegos. Sólo los primeros días andaban algo llorosos y haciendo pucheros por la separación de sus madres, acto que no entendían. Cuando comprendían que todas las tardes las volvían a reencontrar, la Guardería pasaba a ser su segundo hogar. Caso especial fue el de Mariam. Estuvo durante tres meses cogida al babi de la Seño y llorando. Sólo secaba sus lágrimas cuando llegaba la hora de volver con su madre.

Un día Mariam desapareció de su casa. Se perdió. Sus padres no la encontraban por ninguna parte y la alarma cundió entre los vecinos. Todos preguntaban y buscaban desesperados. Hasta que una vecina, asustada por el revuelo, preguntó qué ocurría.

-Pero si jo la acabe de veure a la porta de la Guarderia!

Todos corrieron hacia la Guardería y allí encontraron a la niña. Sentada a la puerta de su segundo hogar una tarde de sábado.

-Es que volia ensenyar-li el meu vestit nou a la Seño, -contestó inocente Mariam.

LOS ALUMNOS

Si necesaria fue la figura del fundador y de las distintas Seños y colaboraciones, imprescindible es la de los niños. Sin ellos, el proyecto de D. Ricardo, ni hubiese cuajado ni hubiese tenido sentido.

Pero lo cierto es que los niños responden a la llamada con prontitud siendo los primeros que traspasan el umbral de la Guardería Inma la de Lluïso y Vicente Cotanda. A ellos les seguía un tropel de 16 niños más. Cada mes aumentaba el número considerablemente llegando a sumar hasta un total de 75 niños, número que demostraba la necesidad de la creación, mantenimiento y continuidad de la Guardería. Guardería que formó parte de la historia joven de L’Eliana durante un cuarto de siglo, hasta julio de 1.998 concretamente, cuando las exigencias de las nuevas normas sobre locales docentes y la proliferación de otras guarderías privadas, excusan el cierre de la Parroquial.

Pero en su aula, en sus patios y con las distintas Seños, la mayoría de los chavales y chavalas de nuestro pueblo iniciaron sus primeros contactos con un mundo distinto al de sus hogares, experimentando amistades que aún perduran o aprendiendo a distinguir jugando, el sol de la luna y que «mon pare no te nas». Como lo hizo Cristina (Hermana de Inma la de Lluïso) o Nacho Marco el del Super y Jorge y Abel, (Hoy los dos sacerdotes), Carmen, la de la Sabateria y Alejandro, Sergio y David de Carmen Comes, la del Forn de Micalet, José Carlos García , Ricardo Cotanda, escultor, las del Gatet: Yoli y Noelia (Reportera de TVV.), Ramón Parrita, (Peluquero) Rafa Montaner, (Periodista e historiador) Jaime Cortina, Mª Daríes la del Roig, Fina la de Beva, Mariam Marco, la del Bar Marco, Elena la Catalana, Manolín de la Tía Nieves, músico, Baltasar Montaner, de la Papelería Montaner, Elvirín, Eva, Mª Amp, de la Hidro, Merche y sus hermanos Salva y Tato (con tacataca) de Mercedes Badía, Pilar y César Fons, hijos de César el del Banc, la de la Tía Culeta…

Y tantos y tantos más a los que pedimos disculpas por no retenerlos en la memoria, pero a los que instamos a que nos remitan sus nombres y recuerdos para incluirlos en próximas ediciones.

Por Janto Gil 
Miembro del Centre d’Estudis Locals (CEL) L’Eliana
(Artículo publicado en el libro Ricardo Arnau, 40 anys de testimoni, volumen realizado por el CEL y editado por el Ayuntamiento de L’Eliana en junio de 2003 con motivo de los 40 años del cura Ricardo Arnau al frente de la parroquia de L’Eliana).

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